Por
Michael Rowan
En Venezuela se acerca el momento para que
el Presidente conozca realmente lo que es la Ley de Murphy: “Lo que puede salir
mal, saldrá mal”, porque actualmente hay muchas
cosas que están saliendo muy mal.
A nivel nacional, la economía de Chávez está colapsando,
mientras que las aventuras fallidas de Chávez hacia
el continente amenazan con desestabilizar el orden y la ley
internacionales.
Colapso interno
Hay tres niveles de colapso interno.
El primero viene dado por lo que la familia venezolana promedio
experimenta día a día. La pobreza, la desigualdad,
la indigencia, el desempleo, la inflación, la malnutrición
y la inseguridad son tragedias tan graves hoy en día
como lo han sido en la historia moderna de Venezuela, mientras
que el Gobierno nada en un mar de dólares. El nivel
de vida promedio del venezolano está decayendo, a diferencia
del período entre 1930 -1970, cuando Venezuela gozaba
de la tasa de inflación más baja y la tasa de
crecimiento más alta del mundo.
Los venezolanos de mayor edad recuerdan aquellos tiempos. Recuerdan
lo de “sembrar el petróleo” en la población;
algo que nunca se hizo, pero que saben que tampoco se está haciendo
ahora.
El segundo nivel se basa en que el Socialismo del Siglo XXI
es un desastre absoluto y totalmente predecible. Una década
de expropiaciones, controles, e intervenciones absurdas han
diezmado la capacidad del país de producir petróleo,
alimentos o trabajo. En busca de una salida, Chávez
se hunde cada vez más. Y una simple revisión
de la historia latinoamericana le haría ver que en realidad
está cavando su propia tumba. El proteccionismo, el
nacionalismo económico y el régimen autocrático
de los años sesenta demostraron claramente lo que Álvaro
Vargas Llosa llamó la “idiotez”1 de la política
interna de Chávez.
El tercer nivel del colapso interno es la corrupción,
el robo y el saqueo del tesoro público. El cáncer
de la corrupción durante los gobiernos pasados ha hecho
metástasis durante el mandato de Chávez. Las
condiciones propicias para la corrupción –el monopolio
y la no rendición de cuentas– se han institucionalizado
y universalizado desde los niveles más altos hasta los
más bajos. En Venezuela impera el crimen, el narcotráfico,
el nepotismo, el robo, los sobornos, los asesinatos y la mentira
a un nivel tan extendido que los mentirosos –paranoicos
y llenos de culpa por dentro– creen que la única
mentira es la que se dice sobre ellos.
Acciones según la ley internacional
Si el suicidio político interno fuera el único
mal de Venezuela, como lo es por ejemplo en Zimbabwe, el mundo
simplemente miraría con preocupación u horror
como Venezuela se destruye. Pero la historia es mucho más
compleja en el caso de Chávez que en el de Mugabe en
cuanto a amenazas internacionales. A Chávez se le acusa
de terrorismo, subversión de estados democráticos,
tráfico internacional de armas, proliferación
de armas nucleares, narcotráfico y lavado de dinero
a una escala tal que hace que la mafia siciliana parezca una
guardería infantil.
Chávez desmiente estas acusaciones asegurando que son
de planes de la CIA para acabar con su revolución, lo
que es muy fácil de decir en Venezuela, donde él
controla las instituciones que podrían juzgarlo. Pero, ¿qué pasaría
si los juicios estuviesen determinados por los hechos y la
ley, y no por la lealtad política al Presidente? ¿Qué diría él
en ese caso?
Aunque a Chávez le cueste creerlo, las decisiones de
los tribunales y los gobiernos en Europa y Norteamérica
no son dictadas por los líderes políticos. De
hecho, como lo demuestra la reciente renuncia del Gobernador
del estado de Nueva York, Eliot Spitzer, su delito relativamente
inofensivo de contratar a una prostituta y ocultar la transacción
lo obligó a renunciar incluso antes de que se formularan
las acusaciones formales. Tales consecuencias le parecerán
ridículas a un presidente autoritario, acostumbrado
a transgredir y hasta obstaculizar la ley para su beneficio
particular, pero los grandes imperios del mundo –Roma,
Gran Bretaña, EE.UU.– deben gran parte de su éxito
a la aplicación de la Ley sin excepciones. En la historia
de EE.UU., Reino Unido, España y Francia, los fiscales
no han dudado en procesar a altos funcionarios si sus acusaciones
están respaldadas por hechos.
Chávez ha declarado sus intenciones de reorganizar el
derecho internacional, el Consejo de Seguridad de las Naciones
Unidas, la Organización de Estados Americanos, el Fondo
Monetario Internacional, el Banco Mundial, y la Organización
Mundial del Comercio, por nombrar algunos. Pero mientras ello
no ocurra, el mundo seguirá funcionando según
lo que Chávez considera reglas obsoletas y oligárquicas.
Así que cuando actúe en el escenario internacional,
será juzgado por las reglas internacionales, no por
su criterio individual.
Aún así, es cierto que la comunidad internacional
es débil a la hora de acusar y procesar Estados forajidos.
Muchas veces tolera atrocidades –como en Ruanda, Sudán
y Haití– pero probablemente no tolere una nación
que amenace la seguridad de otras naciones. Recordemos el caso
de Bosnia, Corea del Norte e Irán. El mundo aprendió con
Hitler y Stalin a no quedarse inmóvil mientras una nación
decide cambiar el mundo a través de amenazas, fuerza
o invasión.
La evidencia en contra de Chávez
Existe evidencia –y no sólo de las computadoras
de Raúl Reyes– de que el Gobierno de Chávez
ha hecho transacciones financieras con las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC), la Guardia Revolucionaria
de Irán, el Hezbolá, la ETA, entre otros, que
están calificadas como organizaciones terroristas y
en algunos casos cárteles de la droga. Chávez
puede no estar de acuerdo con estos calificativos pero la comunidad
internacional no va a cambiar de opinión de ellos simplemente
porque Chávez lo diga. Y el hecho de que él no
los considere terroristas o narcotraficantes o proveedores
de materiales para armas de destrucción masiva no lo
defenderá contra la evidencia bajo las leyes internacionales.
En mayo EE.UU. decidirá si incluir o no a Venezuela
en la lista de Estados patrocinadores de terrorismo. Es poco
probable que la particular designación de Venezuela
en 2005 como Estado “no cooperante” sea suficiente,
ya que este país entrará a la lista de terroristas
o estará fuera de ella. A menos que Venezuela haga un
gran esfuerzo para refutar la evidencia con hechos o corrija
las deficiencias para así apegarse a la ley, se impondrán
sanciones a Venezuela así como a otras naciones transgresoras,
ente ellos, Siria, Irán, Corea del Norte o Sudán.
Las sanciones podrían aplicarse de forma que se minimice
el daño a la población, pero afectando las importaciones
y exportaciones; sin embargo, aún no se sabe con certeza
si ése será el caso.
En septiembre, entonces, EE.UU. calificará oficialmente
a Venezuela como narcotraficante, o la dejará fuera
de la lista. El tráfico de cocaína vía
Venezuela ha aumentado de 50 toneladas por año en 2004,
a casi 300 toneladas por año en 2007. Casualmente, en
2005, el Gobierno de Chávez expulsó de Venezuela
a la DEA, acusándolos de espías.
Pero estas calificaciones también podrían venir
de la Unión Europea u otros entes internacionales que
pueden imponer cualquier sanción que su ley establezca.
En cualquier país, los fiscales que crean que se está quebrantando
la ley tienen la libertad de actuar sin coerción o control
por parte del ejecutivo nacional.
Además, Venezuela enfrenta una violación de facto
de la Carta Democrática de la OEA por conspirar con
las FARC para derrocar al Gobierno democrático de Colombia.
Sin embargo, casi todas las naciones miembros de este organismo
están en deuda con Chávez, son críticas
de Bush, o ambas, de manera que las probabilidades de que éste
actúe contra Venezuela son casi nulas. El hecho de que
la OEA critique a Colombia por su ataque aéreo contra
las FARC en territorio ecuatoriano, y no critique a Venezuela
y Ecuador por albergar a miembros de las FARC en sus territorios,
es muestra clara de que el organismo no está lista para
enfrentarse a Chávez.
Finalmente, cientos de funcionarios del Gobierno venezolano
y muchos bancos enfrentan investigaciones de fiscales de EE.UU.
y la Unión Europea por enriquecimiento ilícito
o lavado de dinero relacionado a terrorismo internacional,
narcotráfico o robo. Si se consideran en su conjunto,
todos estos temas pudieran hacer parecer el escandaloso caso
del maletín, aún por decidirse en un tribunal
de Miami, un delito menor.
La consultora de riesgo WorldCheck (www.world-check.com) ya
ha publicado que varios bancos venezolanos están negociando
unilateralmente con el Gobierno de EE.UU. para flexibilizar
las sanciones si el banco coopera con los fiscales. Los crímenes
complejos cometidos por ladrones de cuello blanco tardan mucho
en procesarse, así que las investigaciones y procesos
judiciales seguramente no estarán listos en el corto
plazo, pero los fiscales están obligados por la ley
a investigar las pruebas sin importar los resultados que arrojen.
Con el tiempo toda la evidencia saldrá a la luz pública
porque los procesos deben ser legales y transparentes.
¿Qué diría Bolívar?
Nadie sabe lo que Bolívar –si estuviera vivo– pensaría
de la revolución socialista bolivariana y sus problemas
nacionales e internacionales, sin hablar de su lema, “¡Patria,
socialismo o muerte!” Pero uno puede estudiar el pensamiento
de Bolívar para ver cómo su visión da
un mensaje a los venezolanos de hoy. En ese sentido, aquí presento
un extracto de la carta de Bolívar al primer Presidente
de Ecuador, que se convirtió en una guía para
sus sucesores. Para aquéllos en el Gobierno de Chávez
que aún quieren tener éxito, Bolívar,
el original, podría ser una buena referencia:
“
Vd. sabe que he mandado veinte años, y de ellos no he
sacado más que pocos resultados ciertos:
•
La América es ingobernable para nosotros;
•
El que sirve una revolución ara en el mar;
•
La única cosa que se puede hacer en América es
emigrar;
•
Este país caerá infaliblemente en manos de la
multitud desenfrenada para después pasar a tiranuelos
casi imperceptibles de todos colores y razas;
•
Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la
ferocidad, los europeos no se dignarán en conquistarnos;
•
Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste
sería el último período de la América.
Palabras sabias.