Roberto
Hernández Montoya :
El pasado ya no será lo que fue
Los conservadores eran otrora partidarios del orden, la harmonía (con
h), la jerarquía, la disciplina, el precepto, la virtud, la condecoración.
Los conservadores de los Estados Unidos promovían la consigna de “ley
y orden”. La madre superiora se ponía muy contenta con la simetría,
la armonía, la racionalidad apolíneas. Mientras tanto los revolucionarios
y los místicos eran dionisíacos, desmesurados, proclives a la tragedia
y al romanticismo. Famas y cronopios, según el texto indeleble de Julio
Cortázar.
Pues
es todo lo contrario. ¿Habrá más desmesura
que la catástrofe del Medio Oriente? ¿Hay alguna región
del mundo que el Imperio no amenace con barullos mortíferos? ¿No
comenzaron precisamente por destruir la Biblioteca de Bagdad, las
fuentes de una de las civilizaciones básicas de Occidente,
empeñado ahora en destruirse junto con sus cepas, que embarazan
el desarrollo de McDonald’s? ¿Hay alguien más
catastrófico que Bush, comenzando por su desbarajuste mental,
emulado magistralmente por Rosales?
En
Venezuela sus sigüís solo producen hibris, la ‘desmesura’ de
la tragedia. Según los griegos, que a todo se adelantaron,
hybris era la soberbia de no acatar límites para los derechos
propios y no respetar el derecho ajeno, que es la paz, cual enseñó Benito
Juárez.
Estos
no. Deciden en su cabeza desquiciada si un gobierno es legítimo
y por ello organizan emboscadas y matanzas contra su propia gente.
En su esquizofrenia, al mismo tiempo que desmiden sus derechos, carecen
de amor propio y se entregan a los esperpentos más ridículos,
que ni Valle Inclán, como el Decreto de Carmona, la mayor
suma de mamarrachos conceptuales producida por la humanidad en texto
tan breve. La Suma de la producción intelectual de la oposición,
que se pavonea de ser la única culta e inteligente. No hay
gente más peligrosa, pues quien no se ama no ama.
Para
evitar que Chávez, según ellos, destruya el país,
hay que destruirlo, con paros patronales, golpes, promoción
de una invasión de Bush, el Desordenador Mayor; esconden la
comida; quieren derrocar el gobierno que les ha hecho ganar más
dinero en su historia; todo lo deciden embriagados de güisqui
18 años.
Afortunadamente el pueblo ha persistido en lo constructivo. Por
ahora.
Roberto
Hernández Montoya es
director del CELARG.
Sus puntos de vista no necesariamente
son los de Petroleumworld.
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