CUMBRE. Una cumbre de río, con marejada y mar de fondo, en
esa bella tierra dominicana, anunciaba tempestad. Durante horas quienes
pudimos estar siguiendo por Tv. los acontecimientos, observábamos
como -sin tapujos ni medias tintas- los mandatarios de Ecuador -con
indignada razón- y el de Colombia -con sus razonamientos-,
nos mostraban lo profundo y grave del problema, de las diferencias
de enfoque, del tamaño de la crisis, consecuencia directa
y producto de un conflicto armado interno -como el colombiano- desbordante
y desbordado, que amenaza la paz regional.
CONFLICTO
INTERNO. Un conflicto, el de Colombia, con raíces
profundas en el tiempo y en las razones que lo motivaron, pero que
merece ser resuelto más temprano que tarde por la vía
político-diplomática, como ocurrió en El Salvador
y Guatemala, por citar casos cercanos a nosotros. En fin, un conflicto
interno que termina arrastrando y envolviendo, quiérase o
no, a países vecinos de Colombia como el nuestro y que padecen
los ecuatorianos (y ahora se conoce más de ese padecimiento)
y también los panameños.
Un
conflicto interno, que así como internacionaliza los problemas,
los regionaliza, tendrá necesariamente que internacionalizar
las soluciones. Ojalá nuestros hermanos colombianos (y nosotros
como venezolanos somos hermanos siameses) hubiesen podido -por sí mismos-
en todos estos años, haber encontrado fórmulas de entendimiento
superadoras del problema. No ha sido así; hay un empantanamiento
en el terreno militar y no debería el gobierno de esa hermana
República caer hoy en el espejismo de los triunfalismos engañosos.
Mejor
será entender y aceptar que llegó la hora de
abrir espacios, y la mente (por quien tiene la responsabilidad y
el compromiso -humano- de conducir ese proceso, por ser quien conduce
hoy los destinos de la patria colombiana), para construir y darle
una oportunidad -definitiva- al diálogo y la negociación,
para avanzar en serio y sumar a los actores clave -dentro y fuera
de sus fronteras- dispuestos a dar su aporte a la paz; en fin, para
trabajar con quienes contribuyan, aseguren y garanticen un exitoso
e irreversible proceso hacia la paz duradera, con justicia, en la
querida Colombia. Esa es la gran demanda del pueblo colombiano y
de toda Nuestra América. Y no hay tiempo que perder.
MAGIA.
Hugo Chávez, el mago que supo calmar los ánimos
encendidos, las pasiones y tensiones encumbradas, que llamó a
la reflexión y a la acción, que se sacó de bajo
la manga dos bellas “cartas”, que supo motivar a Quisqueya,
al anfitrión, para crear ese ambiente -mágico- superador
de dificultades. Que lanzó un salvavidas a tiempo a quien
estaba contra las cuerdas. En fin, un líder, un hacedor, que
hoy puso en escena sus mejores dotes de estadista y generó con
su magia el ambiente para el anhelado final feliz de una cumbre que
abre hoy caminos a la esperanza y a la paz. Que orgullo.
FINAL
FELIZ. Una cumbre con final feliz, con heridas aún
por cicatrizar, pero que desactiva el detonante que amenazaba con
arrastrarnos a una “vorágine”. Una cumbre histórica
esta la de Río, que demuestra que el diálogo es una
apuesta segura, el camino necesario hacia la negociación y
la resolución de conflictos, por más complejos e insolubles
que puedan parecer. Un ejemplo, una lección.
Sin
duda, todos podemos estar de plácemes, hay mucho por
recorrer en el camino hacia la paz, pero hoy se abrió una
puerta y dimos un paso de gigante, que tendrá consecuencias
positivas. Somos optimistas. Fue un gran día para la América
latinocaribeña; funcionó la diplomacia presidencial.
La diplomacia bolivariana se encumbró. Bolívar Vive.