Cuentan
que cuando el Barón de Rothschild agonizaba en su lecho
familiar, se acercaron algunos deudos para rogarle que no se fuera sin
darles antes el secreto de sus formidables éxitos financieros, a
lo cual el Barón respondió sencillamente: “Never show
your books”.
Parece
que los estimados asesores cubanos de mi comandante también
leyeron esta cita (seguramente en Selecciones, igual que yo) porque se
ha venido aplicado religiosamente en el actual gobierno.
Es
así que no se conoce el estado actual de las estadísticas
energéticas y petroleras, como para poner opinar seriamente. De
modo que ante la noticia de prensa que el gobierno ordenó que se
instalen tuberías de gas para alimentar el servicio de agua caliente
en las viviendas no surgen algunas reservas.
La
utilización de cualquier energético está asociada
a su precio y su satisfacción, que se expresa en su “disposición
a pagar”.
La
mejor política de precios es la que asocia la tarifa a su costo,
de manera de vender más lo más barato de producir y viceversa,
hacer muy caro lo más costoso. El problema es cuando, como la gasolina
en Venezuela, no se vende a su costo sino muy debajo, lo que afecta a su
turno el precio del gasoil, del LPG y el gas natural, sus eventuales competidores.
Por
eso, al decidir facilitar la instalación de calentadores de
gas para los servicios sanitarios, se está suponiendo que la familia
en la vivienda preferirá este recurso al más frecuente calentamiento
eléctrico. Será primeramente por razones de precios, con
tarifas de gas mas bajas que el equivalente del KWH, ya sea LPG o gas natural
por tubería.
Tradicionalmente
las viviendas, especialmente en apartamentos, tenían
la conexión eléctrica para ubicar el calentador en algún
closet o dentro del mismo baño, ahorrándose la mayor inversión
tuberías de gas y agua.
Pareciera
una loable intención para mejorar la eficiencia del balance
energético nacional, pero habría que ver razones de costo
y disponibilidad de gas natural (asociado o libre). La política
de gas aún está muy confusa, se está importando de
Colombia y paralelamente se piensa enviarlo Buenos Aires, y también
a Panamá… Pero se sigue quemando gasoil (¡a 0,050 bolos
l litro!) en termoeléctricas grandes de los Andes, Zulia y Nueva
Esparta, aparte de emprendimientos menores en generación distribuida
Comoquiera
que buena parte de la producción eléctrica es
de origen hidráulico, que ostenta una alta eficiencia, digamos pérdidas
en la transformación para sacarla, mientras que las térmicas
pierden (botan al aire) 70% de la energía que las alimenta, casi
nada, el beneficio neto al balance por incrementar el uso del gas es relativamente
reducido.
Más hubiera convenido incorporar –para el mismo efecto—la
instalación de calentadores solares de agua en los techos de las
viviendas, incluyendo las existentes, con algunos incentivos apropiados.
Concluimos
diciendo que basar una política de gas natural residencial
facilitando tuberías mientras no se resuelva seriamente la cuestión
de los precios de las energías finales, al nivel del consumidor
(o la consumidora, sorry), no pasa de ser un buen saludo a la bandera,
o si lo prefieren un modesto eructo de planificación energética.
Debería contemplarse la competencia rural de precios entre la leña,
carbón, kerosene (para la cocina) y las competencias urbanas para
el agua caliente, refrigeración y cocina (electricidad, LPG, gas
natural). Bueno, algunos dirán que por lo menos ya se tienen las
tuberías, para cuando se arregle lo de los precios……
Alberto
Méndez Arocha es Ingeniero Mecánico
con un Doctorado en Derecho y Economía de la Energía. Es
Individuo de Número de la Academia Nacional de Ingeniería
y del Habitat . Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Petroleumworld
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