El
Impulso :
Reincidencia
en el absurdo
Editorial
Con su conducta posterior al referendo, el gobierno, y particularmente
el Presidente, quien, por fin, tiene una fecha precisa para la consumación
de su período, el sábado 2 de febrero de 2013, han
convencido a quienes aún dudaban, de que era preciso rescatar
al país, con un No, en su camino hacia una quiebra segura,
en lo económico, en lo político, en el terreno de la
moral.
Quien
nos gobierna está dando evidentes muestras de un peligroso
desvarío. Su reacción frente a la derrota no ha podido
ser más indecorosa, y menos democrática. Nada de gallardía
puede descubrirse en sus obstinaciones. Poco queda, ciertamente, de
aquel hombre que al asumir la Presidencia, en 1999, dijo, juicioso
y coherente, ante el Congreso: "No cometamos el error, craso sería,
de oírnos solamente a nosotros mismos.
No,
es el momento de oír la voz de la nación y de oír
ese tintineo que anda por todas partes; de recogerlo en un lazo y de
hacerlo realidades".
La verdad es que ahora sólo se escucha a sí mismo. "Ese
tintineo que anda por todas partes" configura el anuncio de una
explosión social apenas contenida, "por ahora".
La
voz de un pueblo que, aún vestido de rojo, ahora le reprocha
abiertamente sus inconsecuencias, ha comenzado a exasperarlo. Todo
este tiempo no ha exhibido más ambición que la de acumular
más y más poder, sin la más remota posibilidad
de abarcar tanto.
Y
la idea de perderlo, en aras de una saludable alternabilidad, la
certeza de que un día se despertará habiendo dejado de
ser Presidente, se ha convertido en un tormento quizá patológico.
Algo, ciertamente, que amerita observar con cuidado.
Porque
vendrán coyunturas aún más difíciles.
Heinz Dieterich, un reputado ideólogo de la revolución
bolivariana, presagia que como consecuencia de esta "derrota estratégica" sufrida
en el referendo, "es posible que los gobiernos de Hugo Chávez
y de Evo Morales no sobrevivan los embates de la reacción en
el año 2008 y que el modelo cubano se agote en el 2009-2010,
si no se toman medidas realistas de inmediato".
Es
un momento, dice el pensador, "difícil y doloroso",
y propone algo que no se ve por ningún lado: "la crítica
racional de las causas del descalabro".
Para él, la principal causa de la derrota es la dirección
oficial, "el sistema vertical de conducción del proceso
bolivariano", y aunque sería absurdo estimar que ese ineludible
análisis pudiera descartar a quien gobierna en forma tan personal
y excluyente, así lo cree el mandamás, en su progresiva
disociación de la realidad.
"Por eso perdieron", les dijo, en tercera persona, a seguidores
suyos que no guardaban silencio, cuando uno de estos días los
sometía a humillaciones y al fuego de su orgullo herido, en
una larga, inconexa e incómoda perorata.
No
habrá, pues, rectificación, sino reincidencia en
el absurdo, en los excesos. En lugar de colocar el oído sobre
los suelos de la patria, para escuchar sus clamores, se anuncian venganzas. "Me
deben una", es expresión que lo resume.
Y
un ministro que, conforme al libreto, hablaba hace poco de revolución
y maldecía al imperialismo, se empantanó en un soberbio
tartamudeo cuando una reportera le preguntó respecto a su predilección
sobre las corbatas Louis Vuitton y los zapatos Gucci. Pero una cosa
sí dijo claro el funcionario, nada menos que el titular del
Interior y Justicia: "No hay reconciliación posible".
Quizá no
quepa hipocresía más insolente que la
de hablar contra el imperio enfundados en sus lujos y riquezas. O la
de pregonar libertades dejando sin concesión a las televisoras
no plegadas, y sin papel a los diarios.
O
la de argumentar acerca de una revolución humanística,
mientras se pudren en las cárceles o en el exilio los presos
de opinión, como el general Francisco Usón y los comisarios
Lázaro Forero, Henry Vivas e Iván Simonovis, en una lista
a la cual ahora debe agregarse a Enrique Mendoza, por su delito de
asestarle en Miranda una derrota a Diosdado Cabello, en la consulta
referendaria.
Y, ¿cómo calificar la monstruosidad de marcar como reses
a quienes tramitan a las puertas de Cadivi un puñado de divisas
a las que tienen perfecto derecho, mientras vuelan por doquier ilícitos
maletines forrados de dólares, y precisamente el contralor que
nada ve, y nada piensa hacer, acaba de ser reelecto, por siete años
más?
¡
Hay cada rufián en el poder!