Roberto
Hernández Montoya: Errores
Uno
de mis peores escalofríos sobreviene cuando tengo una convicción
firme. Me pregunto entonces si no estaré errando, incluso gravemente.
En
esta derrota, que, con el perdón, así se llama, hay
que examinar sin tapujos algunos de los peores errores que podríamos
seguir cometiendo: Culpar a los tres millones que no votaron SÍ pero
que votaron por Chávez el 6 de diciembre de 2006, dejándonos
llevar por la soberbia, que es el peor de los errores, porque conduce
a casi todos los demás. ¿No seremos nosotros los equivocados?
No
es aceptable, por ejemplo, que por un resuelve miserable de cuatro
pícaros incontrolables sea imposible sacar un pasaporte sin
corrupción. Y así mil ineficiencias que esos tres millones
reclamaron no votando o votando NO.
No
es tolerable que después de nueve años el Estado
opere con los mismos procedimientos de la IV República. El que
la mayoría de los empleados del Estado provenga de la IV República
no es excusa, pues hay organismos como el Ministerio del Poder Popular
para la Cultura que con muchos empleados de la IV han cumplido una
labor notable. Nombro a ese ministerio porque estoy dentro de él
y es por ello mismo el organismo que mejor conozco. Hay otros, las
Misiones, PDVSA, Ávila TV, etc. Pero ¿son incriticables?
Porque
ese es otro problema: el PSUV no ha sido creado aún
pero ya tiene Tribunal Disciplinario y algo más grave: expulsa
sin debido proceso y solo castiga el delito de opinión. ¿Los
corruptos no merecen expulsión?
Cuando
se recuperó Venezolana de Televisión el 14 de
abril de 2002, Aristóbulo Istúriz dijo: “El otro
también existe”. Porque es cierto que los que llamamos “disociados” son
víctimas de los medios burgueses, pero preguntémonos
cuánta responsabilidad tiene nuestra soberbia en su pánico,
lo que celebramos con un autoindulgente “Chávez los tiene
locos”.
Y,
por último, no critico la política comunicacional
porque no se puede juzgar lo que no existe. ¿No fue por eso
que el “golpe lento” funcionó?
Contra
todo pronóstico, Manuel Rosales lanzó una rama
de olivo al respaldar dos puntos de la Reforma: la seguridad social
para los trabajadores independientes y la jornada de seis horas. En
este caso al menos la victoria no condujo a la prepotencia. ¿Una
soberbia incorregible nos conducirá a la catástrofe?
Roberto Hernández
Montoya es escritor, presidente de la Fundación
Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos. Sus puntos
de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.roberto.hernandez.montoya@gmail.com
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05 12 06
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