Alberto
Méndez Arocha:
Hannah Arend y la "Reforma Constitucional"
Releyendo
las explicaciones de la historia en estos momentos inusitados, encontramos
que algunos
ejemplos de la “dominación total” pudieran
ser útiles referencias para entender los acontecimientos actuales,
especialmente aquellos aspectos de la “reforma” que apuntan
hacia un eventual totalitarismo.
Referimos
así a una reflexión de Arendt (en “Los
orígenes del totalitarismo”, 1951) cuando dice:
Allí donde
se alzó el poder desarrolló instituciones
políticas enteramente nuevas y destruyó todas las instituciones sociales, legales y políticas del país. Sea cual fuere
la tradición específicamente nacional o la fuente espiritual
especifica de su ideología, el Gobierno totalitario siempre
transformó a las clases en masas, suplantó el sistema
de partidos no por la dictadura de un partido, sino por el movimiento
de masas, desplazó el centro del poder del Ejército a
la Policía, y estableció una política exterior
abiertamente encaminada a la dominación mundial…allí donde
estos sistemas se volvieron totalmente totalitarios comenzaron a operar
según un sistema de valores tan radicalmente diferente
de todos los demás que ninguna de nuestras categorías tradicionales
legales, morales o utilitarias conforme al sentido común pueden
ya ayudarnos a entendernos con ellos, o juzgar o predecir el uso de
sus acciones…”
No
puede uno dejar de pensar en las algunas de las alteraciones institucionales
que trata
de imponer
la llamada “reforma” – que aparecen
listadas arriba, más las alteraciones en la geografía
regional por el cambio en el ordenamiento territorial, las responsabilidades
de las comunidades en los servicios públicos (¿quién
fijará las tarifas, o serán gratis? – quién
velará por la calidad del servicio?) y tantas otras que han
sido señaladas, para no mencionar las más atrabilarias.
El
problema con las instituciones “enteramente nuevas” es
que al servir de conejillos de indias –a menos que estén
orientadas por un Poder Divino— o alguien Ungido-- corren el
riesgo de ser completos fracasos por ponerse a inventar para controlar
al “Poder Popular” por encima de toda sospecha y de toda
lógica económica.
Y
por olvidar que el gran y principal motor de la especie humana, la
codicia, base de la supervivencia,
es el mecanismo a canalizar para
la generación del bienestar común, preferiblemente por
intermedio de la empresa privada bien regulada, o de algunas empresas
públicas bien administradas.
Alberto
Méndez
Arocha es Ingeniero
Mecánico con un Doctorado en Derecho y Economía de la
Energía. Es Individuo de Número de la Academia Nacional
de Ingeniería y del Habitat. Sus puntos de vista no necesariamente
son los de Petroleumworld.
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15 11 07
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