Fue
la voz más contundente contra la autocracia,
en unos momentos en
que hasta el aire parece congelarse para no alzar
su desespero contra
el despotismo que va aplastando lo que aún
queda de conciencia libre
en Venezuela.
Si
hubiera sido español, habría
que decir sin pecata minuta "que los
tenía más grandes que el caballo
de Santiago". Su bravura marca un
hito en estos últimos años para enfrentarse
al régimen y sus desmanes.
Fue
un venezolano con agallas y no tuvo ni un ápice
de aprensión a la
hora de decir las verdades que se tenían
que gritar a los cuatro
vientos y que hoy, ahora mismo, más de la
mitad del país calla y se
acobarda cual rancias y asustadas plañideras,
ante tanto abuso
impuesto por la voluntad de un solo hombre que
no cesará hasta tener a
Venezuela en su puño y estrujarla como claramente
expresó en esos
cuatro días de estancia en Cuba, tierra
gobernada por un tirano y a la
que Chávez considera parte integral de su
anhelos autoritarios.
Nunca,
jamás, asumió el miedo ni
menguó su actitud decidida ante las
amenazas, y eso, en una nación rodeada de
matones y espalderos, es,
por decir lo menos, admirable. El régimen
sentía pánico de sus
palabras. Era solamente un anciano y todo un gobierno
le temía.
Lo
repetía hasta el cansancio, pues sabía
que la indiferencia es el
mal de los pueblos perdidos: "El gobierno
elegido democráticamente ha
perdido su rumbo y presenta visos de dictadura,
donde todos los
poderes están prácticamente en manos
de una sola persona que los
ejerce arbitraria y despóticamente; no para
procurar el mayor bien de
la nación, sino para un torcido y anacrónico
proyecto político: el de
implantar un régimen desastroso como el
que Fidel Castro, a costa de
tantas vidas humanas y del progreso de su nación,
ha impuesto a Cuba".
Y
refería una realidad que se sobrelleva
cada día: "El odio sembrado,
tenaz e irresponsablemente, amenaza hacer de los
venezolanos entre sí
irreconciliables enemigos y llevará el enfrentamiento
hasta en el seno
mismo de las familias".
Eso
está sucediendo de forma espeluznante.
Somos dos países. La
intolerancia presentada el lunes en el Teresa Carreño,
un espacio
cultural de la nación convertido en guarida
del oficialismo, es una de
las muchas pruebas fehacientes.
Hace
semanas, Chávez acusó al purpurado
de "bandido, pantomima,
inmoral y golpista". En el gran libro de Dios
quedarán esas palabras,
y será el pueblo quien reconozca y ensalce
la figura imperecedera del
cardenal coraje.
Rafael
del Naranco es
analista y comentarista.
Los puntos de vista expresados no necesariamente
son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente
publicado por El Mundo,
el 17 de Octubre del 2007. Reproducimos el mismo
en beneficio de
los lectores.
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