Editorial
Después de un par de años de deliberado silencio,
Pdvsa se atrevió a publicar sus balances consolidados
correspondientes a los años 2005 y 2006. Las cifras
reveladas no son suficientes para realizar un análisis
serio de la situación del ente petrolero, y menos aún
se dispone allí de los datos precisos que permitan calibrar
tanto la transparencia como la sinceridad de la información
entregada a los venezolanos que, como lo dice la misma empresa,
ahora "es de todos".
Basta un ejemplo: la última edición del anuario
Petróleo y otros datos estadísticos, conocida
como la Biblia del petróleo en Venezuela, corresponde
al olvidado año 2004: menudo atraso. Tampoco se ofrece
explicación alguna sobre las discrepancias presentadas
en los últimos años entre los volúmenes
de producción registrados por organizaciones como la
OPEP, la Asociación Internacional de Energía
y el Departamento de Comercio de Estados Unidos, por una parte,
y las que presenta el gobierno rojo rojito, por la otra.
Más aún, a primera vista destacan algunas incongruencias
como el hecho de que la suma de las exportaciones y las ventas
en el mercado interno sea de 3.523.000 barriles diarios, y
la producción reportada sea de 3.250.000 barriles diarios,
lo cual arroja una diferencia de 273.000 barriles diarios sobre
los que no se da cuenta.
Dada la precariedad de las cifras
rojas rojitas, quizás
resulte más útil fijarse en los mecanismos utilizados.
De la contribución total a la nación en 2006,
más de 30% se dedicó a los llamados gastos para
desarrollo social, es decir, a las misiones y Fonden. Las ganancias
que financian esos gastos sociales se deducen antes de calcular
el pago del impuesto sobre la renta y, en consecuencia, no
se incorporan como ingresos al presupuesto nacional y no están
sometidas a los controles institucionales establecidos por
la actual Constitución, que incluyen la aprobación
detallada de los gastos por parte de la Asamblea Nacional.
En ese sentido, se asemejan a
la partida de gastos de seguridad del Estado, la famosa partida
secreta de la cuarta república,
en cuanto constituyen una suma global o genérica cuya
distribución le corresponde exclusivamente a la asamblea
de Pdvsa (el ministro Ramírez) y al Presidente de la
República.
En la historia de Venezuela esas
partidas discrecionales, llámense capítulo sexto, partida secreta o gastos
de desarrollo social, han dado lugar a todo tipo de abusos
y arbitrariedades y han tumbado gobiernos. Al presidente Pérez,
que fue destituido por ese motivo, se le acusó del mal
uso de 17 millones de dólares.
Ahora, los gastos discrecionales
por la vía de Pdvsa
ascienden a 11.993 millones de dólares, algunos de los
cuales se estima que han sido destinados para fines benéficos,
pero sobre cuya correcta utilización no existe ninguna
constancia institucional. Sólo cabe esperar que cuando
se conozca con certeza el uso que se le dio a esos recursos,
no haya que escribir una crónica roja rojita sobre el
Presidente y su ministro.
El
Nacional es
uno de los periodicos Venezolanos de mayor circulacion
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Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por
El Nacional, el 14 de septiembre del 2007. Reproducimos
el mismo en beneficio de los lectores.
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