VenEconomía : ¿Jugando
con fuego?
La semana pasada la banca recibió un sacudón
a consecuencia de un torpe proceder del, hoy disminuido, Banco
Central de Venezuela. Con ello quedó en evidencia que
el manejo de la política financiera no es cosa de juego,
y que cualquier error puede traer nefastas consecuencias no
sólo a la banca, sino al mismo Gobierno y al país
en general.
El miércoles 5 de septiembre, el BCV anunció mediante
circular, de manera intempestiva y sin mayores explicaciones,
que se suspendían las operaciones de inyección
de liquidez que tuvieran lugar a través Operaciones
de Mercado Abierto (OMA).
La medida pareciera ser una muestra más de la falta
de autonomía del ente emisor, dado que se percibe como
una respuesta al mandato dado por el presidente Chávez
en su programa dominical, el domingo 2 de septiembre. Ese día
el mandatario sentenció que “el BCV en lugar de
estar auxiliando a capitalistas y burgueses, debería
estar auxiliando a agricultores y campesinos” y afirmó que
la banca debería utilizar sus propios recursos en lugar
de ser el BCV quien interviniera el mercado para evitar la
salida de la Cámara de Compensación de algunos
Bancos.
El BCV solícito y sin medir consecuencias actuó:
Suspendió las operaciones de inyección de liquidez
a través de la OMA.
El efecto no se hizo esperar y saltó la tasa interbancaria
de un máximo de 22% hasta niveles del 121%. Esta sobre-reacción
puso a temblar a todos en el sistema financiero, incluso al
propio Gobierno. En consecuencia el BCV rápidamente
corrigió la medida pocas horas después.
El salto de la tasa se debió a la conjunción
de factores muy puntuales: Primero, fue tomada en una semana
cuando la banca ya había adquirido notas estructuradas
por un monto de entre $200 y $400 millones. Segundo, en momentos
cuando se habían adjudicado Bs.50 millardos en Letras
del Tesoro con fecha valor 5 de septiembre. Y tercero, luego
de un feriado bancario americano, que acumuló dos días
de liquidación de operaciones en divisas.
Según Síntesis Financiera esta medida podría
tener como origen el descontento del Gobierno por el poco efecto
que la venta de las notas estructuras a algunos “afortunados” bancos
ha tenido sobre el tipo de cambio permuta. El Gobierno parece
que buscaba forzar la venta de esas notas. Se esperaba que
los bancos al verse restringidos en su acceso a la liquidez
procederían a vender esos instrumentos en el mercado
y, en consecuencia, disminuiría el tipo de cambio permuta.
Sin embargo, nuevamente la misma falta de transparencia que
priva sobre la negociación de las “apetecidas” notas
estructuradas, afectó la medida de restricción
de liquidez. La actuación del BCV fue apresurada, muy
general y poco clara, y mandó señales contradictorias. Ésta
en vez de contribuir a bajar y estabilizar el tipo de cambio
(si ese fuera el objetivo) contribuyó a movimientos
erráticos y además sembró dudas en el
ciudadano común acerca de la sanidad de la banca.
En pocas palabras, otra torpe medida del Gobierno, que a través
del BCV afectó puntualmente un mercado que no esperaba
este brusco proceder, y que podría sembrar expectativas
nada alentadoras sobre un sistema vital para el funcionamiento
de la economía nacional.
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Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por
VenEconomía, el 10 de septiembre del 2007. Reproducimos
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