Corrupción rojita
En
general, el populismo tiende a necesitar siempre de un enemigo exterior
o de un peligro interior para consolidar su poder y provocar un consenso
artificial y transitorio, porque debe ser renovado cada cierto tiempo.
En la
Venezuela bolivariana se ha usado hasta el cansancio tanto al imperialismo
yanqui como a la oligarquía, para iniciar batallas y unir a
las fuerzas
oficialistas. Pero ayer, en un rapto de sinceridad (o en una carambola
contra Rafael Ramírez) el ministro del Interior y Justicia,
Pedro Carreño,
reconoció que "la corrupción se ha infiltrado en
los sectores
revolucionarios".
Acto seguido, el ministro pidió con urgencia y celeridad un
poquito más de
"
honestidad y ética" a los militantes rojos rojitos, porque "la
boina roja
no debe ser utilizada como patente de corso". Desde luego que
afirmaciones
como éstas, formuladas en el Palacio de Miraflores, no dejan
de causar un
alivio inmediato entre los ciudadanos, cansados de bajarse de la mula
cada
vez que entran en negocios con los dueños del poder. Pero también
causan un
efecto hilarante porque no deja de ser divertido que, a ocho años
de estar
en el poder, al ministro Carreño le haya caído la locha,
hablando en
términos de bolívar fuerte.
Que Pedro Carreño descubra hoy lo que es evidente
para todos los venezolanos
no es más que un chiste cruel, porque eso significa que el Gobierno
vaga por
las nubes y no percibe lo que está a ojos vista. Según
las agencias de
prensa internacionales, el ministro "aludía" con sus
afirmaciones a un
presunto escándalo de corrupción en Pdvsa, pero ¿cuál
será? se pregunta la
gente, porque ante la oficialista Asamblea Nacional el famoso padre
Palmar
entregó lo que él mismo calificó de "una
carretilla de denuncias".
Pero esa carretilla no parece existir para la Contraloría
General de la
República, que debería actuar de oficio ante un señalamiento
público de tal
magnitud.
También pudo haberse referido a las denuncias
del ex vicepresidente José
Vicente Rangel, quien el domingo pasado reveló que el maletín
que
transportaba Alejandro Antonini con 800.000 dólares en su interior,
estaba
relacionado con una entidad financiera argentina, el Banco del Sol.
Pero los
banqueros sureños negaron ayer en Buenos Aires cualquier vínculo
con los
sectores oficialistas o Pdvsa. "No tenemos operaciones en Venezuela
o
cualquier otro país", dijo a la agencia EFE el director
y gerente general de
ese banco, Ricardo Maitsch.
Sin embargo, Pedro Carreño piensa todo lo contrario: "Rangel
es una persona
muy seria y no someterá al escarnio público a una persona
si no tiene
pruebas de ello", le dijo a los periodistas.
Incluso reveló que el ex vicepresidente Rangel le había "facilitado
documentos" sobre el caso en cuestión y que ya estaba en
curso una rápida
investigación por parte de los organismos de seguridad del Estado.
Lo cierto es que si bien la corrupción no tiene ideología,
como dice
Carreño, el populismo necesita de la corrupción para
armar su entramado de
apoyo social. Así ha sido siempre.