Comentario
Editorial/Opinión
Antonio
Cova Maduro: El papel de unas elecciones
CUANDO
LA OSADIA de los griegos del siglo VI antes de Cristo les condujo
a crear un sistema que ellos llamaron "demokratía",
muy posiblemente no imaginaron que estaban creando un mito para
el futuro de la humanidad, ni que, lo que su osadía había
parido iba a ser el único régimen adecuado para
una humanidad liberada de múltiples fardos. La democracia,
hoy lo sabemos, exige una sociedad que ya ha superado una serie
de dificultades y defectos y es eso lo que la torna difícil
de reinar en muchas sociedades contemporáneas.
LOS
GRIEGOS de la antigüedad no soportaban la idea de la sumisión
a un mortal igual que ellos y ni siquiera a los dioses, si lo
hemos de inferir de su literatura y rápido tuvieron que
encarar la experiencia de asumir decisiones que los involucrasen.
¿Cómo hacerlo? Con las asambleas que para ello convocaban
(de allí que "democracia" y "asamblea"
fuesen para ellos gemelos univitelinos) y ¿cómo
amarrarse a las decisiones que esas asambleas produjesen? Pues
votando sobre ellas y respetando lo que la mayoría quisiese.
Elegir
devino una necesidad y, no faltaba más, un derecho indisolublemente
ligado a la idea de ciudadanía. Todo miembro del "demos"
era convocado a decidir los asuntos que concernían a la
polis y ese acto le imponía emitir un voto. La demokratía,
pues, era impensable sin elecciones, pero sólo un número
determinado de estas concernía elegir personas.
CON
EL PASAR del tiempo la democracia, que siempre fue de minorías,
incluso dentro de las polis pequeñas, se convirtió
en lo que Max Weber llamó democracia de masas, la más
destacada de las cuales fue una sociedad del tamaño de
un continente: Estados Unidos de Norteamérica. En un mundo
de tal volumen lograr el máximo de participación
de sus miembros era un desafío y el genio norteamericano
descubrió que era posible si se involucraban en un vasto
mundo de asociaciones.
La
gente participaría en "asociaciones" de todo
tipo y serían éstas, o mejor sus representantes,
quienes concurrirían a configurar las decisiones que a
todos involucrarían. Entonces el asunto de quiénes
serían esos representantes y para hacer qué se convertiría
en un asunto de la mayor importancia. Brotó, de nuevo,
la fórmula griega: la elección entre candidatos.
Los
griegos siempre albergaron temores sobre la representación
misma. Se temían y con sobradas razones que los elegidos
rápido perdieran el tino, olvidaran lo que eran y que,
finalmente se convirtieran en una casta que se impondría
sobre sus representados, ahogando toda posibilidad de participación
por parte de éstos, la más fundamental, el derecho
a deponerles. Nadie lo avizoró mejor que Pierre Proudhon,
quien hizo de esa posibilidad la fuente de su teoría anarquista.
LOS
VENEZOLANOS DE HOY han sido convocados a elegir representantes
que deberían legislar en su nombre y construir el cuerpo
normativo dentro del cual se desarrollaría la vida de todos
los días. Hay la sensación, además, de que
serán precisamente estos legisladores quienes procesarán
la exigencia del régimen de ser dotado del marco que le
permita, justamente, trastocar la democracia que le da origen.
Vistas
así, estas elecciones no dejan dudas sobre su importancia.
Lo que salga de ellas bien podrían ser sus sepultureros
o los más dignos descendientes de Fermín Toro; de
nosotros depende. El vital papel de los electos no estribará
tanto en su número sino en su disposición a jugárselas
por la democracia que les llevó a esa posición.
No será la primera vez que una minoría decidida
mantenga en jaque a la brutalidad tiránica e impida que
una mayoría de borregos se ofrezca en holocausto.
TOCARA
A LOS MEJORES entre ellos convertir la calle en el gran foro y
librar sus batallas al descampado, pero sobre todo conducir a
los venezolanos para enfrentar al autócrata que sólo
sueña con destruir lo mejor que los venezolanos de los
últimos 50 años han parido: su democracia. La gran
batalla serán las elecciones presidenciales y será
entonces que todos saldremos, como en los mejores días,
desde cada rincón de Venezuela a la lucha a la que somos
convocados.
Hacer
una buena elección es un acto moral, en eso todos estamos
claros; pero la decisión de concurrir o no y vive Dios
que todos sabemos a qué concurrimos es un acto político
que, como tal, sólo debe ser medido por los beneficios
que producirá... dadas las circunstancias. Es a esta luz
que debe ser juzgada la abstención, bajo ninguna otra.
SI
LO QUE MANTUVO a raya al régimen hasta el nefasto 15/8
fue el conocimiento del muro de contención que tenía
en las calles, la única forma de gritar a todos que ese
muro ha sido levantado de nuevo es mostrando la vitalidad del
"No lo lograrás" en las urnas, incluso en unas
que sospechamos repletas de carroña. Y quién quita
que una concurrencia masiva pudiera ser el desenmascaramiento
definitivo del CNE, que ya no podría escudarse tras una
masiva abstención.
Antonio
Cova Maduro
es
un reconocido profesor universitario, autor de varios libros y
articulista. Los puntos de vista expresados no necesariamente
son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por El
Universal el 30 de noviembre del 2005. Petroleumworld no se hace
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Venezuela 30 11 05
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