Comentario
Editorial/Opinión
Ana
Julia Jatar :
Tenemos que seguir hablándole al mundo
La
semana pasada participé en una audiencia que sobre la democracia
en
Venezuela se realizara en el Subcomité de Asuntos del Hemisferio
Occidental
en el Congreso estadounidense. Fui por una invitación que
le hicieran a
Súmate, y al estar mis colegas con prohibición de
salida del país, agarré
mis palabras y me fui para Washington; lugar por cierto donde
hace poco se
dio cita la juventud comunista de todo el mundo y nadie los llamó
traidores... Allí expresé y quedó en mi testimonio
por escrito, que yo no
había ido a pedir ayuda, ni mucho menos “para persuadir
al Congreso de los
Estados Unidos sobre la necesidad de interferir en nuestro destino”,
pero
dije que sí había ido para “hacerlos reflexionar
sobre nuestros actuales
problemas y oportunidades”.
Y
la verdad es que creo que se logró estimular en algo la
reflexión más
profunda sobre lo que pasa aquí.
Al
inicio de la sesión, y desafortunadamente para la calidad
de la
discusión, el debate, en vez de centrarse en la democracia
venezolana y en
si estaba o no cumpliendo con los principios universales de libertad
y de
respeto a los derechos políticos de las minorías,
tomó el giro de la ya
conocida confrontación partidista entre demócratas
y republicanos sobre los
errores de la política exterior de Bush hacia Venezuela.
Escuchamos de nuevo
el reclamo de los demócratas a la administración
por su “silencio” durante
el período en el cual fue presidente Carmona y la falta
de acercamiento al
gobierno de Chávez. Sin embargo, mientras progresaban los
testimonios —y de
allí la importancia del evento—el debate se tornaba
más interesante y los
participantes más atentos a lo que en realidad estaba pasando
hoy en
Venezuela.
Lo
que sí es cierto es que la radicalización hacia
la izquierda por parte de
Chávez ha ideologizado las posiciones. Por ejemplo, el
republicano Dan
Burton, defensor de Chávez hasta hace poco, asegura ahora
que el Presidente
venezolano se encontrara con mucha oposición —incluyendo
la de él— si
pretende llevar a la región por la ruta del comunismo y
como “ídolo” al Ché
Guevara tal como lo anunciara en Mar del Plata. En el campo de
los
demócratas varios se han convencido que el verbo del Presidente
venezolano
ya ha llegado a tales extremos que ya no se atreven a defenderlo
ni siquiera
para lograr una pelea con Bush.
Vi
entre los miembros del Congreso las dos tendencias que también
vi en
Europa. A quienes les preocupa Chávez y su discurso radical
también les
preocupa su autoritarismo, su irrespeto por los valores democráticos,
la
discriminación política que ha emprendido, la violación
a los derechos
humanos, el debilitamiento de los derechos de propiedad y ataques
a la
propiedad privada, los atropellos a los medios de comunicación
y a
periodistas, la falta de transparencia en el manejo de los recursos
públicos
como consecuencia de la falta de rendición de cuentas y
la falta de
separación entre los poderes. Particularmente, preocupa
el que el Presidente
de Venezuela se aproveche de esta circunstancia de falta de transparencia
para financiar la izquierda radical en el resto del hemisferio.
No
están bien informados de la popularidad de algunos de los
programas
sociales del Gobierno.
Para
quienes defienden a Chávez, a su vez tienden a no ver con
profundidad
los temas sobre democracia y mantienen la visión positiva
de un presidente
que al fin y al cabo “ha logrado que los médicos
lleguen a los barrios”, que
los pobres voten en las elecciones, que se acabe el analfabetismo,
que
disminuya la pobreza...
“¿Esos
no son derechos humanos también?” Argumento que infinidad
de veces he
escuchado para el caso de Cuba. Pues bien, en el debate de ayer
ese balance
estuvo en discusión, surgieron muchas preguntas que llevaron
a varios de los
que estaban allí a repensar y sopesar el balance entre
libertad e igualdad
que una sociedad esta dispuesta a aceptar y que Venezuela está
sufriendo
hoy. Creo que fue muy útil, sobre todo entre los miembros
del Black Caucus,
es decir, la organización que agrupa a los representantes
de raza negra en
el congreso estadounidense.
Entre
ellos, hay una gran identificación emocional con el presidente
Chávez.
Él ha sabido manipular muy bien el tema racial para aprovecharse
de las
heridas aún sin cicatrizar de la terrible segregación
que hasta hace poco
sufrieron. Pero ellos ayer escucharon, ellos no son comunistas,
ni aceptan
el atropello a las minorías de lo cual ellos si saben.
Por ello pienso que
hay un espacio abierto para que ambas posiciones se acerquen,
hay que seguir
hablándole al mundo para que se entienda en toda su extensión
el drama del
el resquebrajamiento de la democracia y las libertades que estamos
sufriendo
todos los venezolanos.
Ana
Julia Jatar
es economista, analista económica y política y escritora.
Sus puntos de vista no necesariamente son los de Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue publicado originalmente en El
Nacional, el 21 de noviembre, 2005. Petroleumworld no se hace
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Venezuela 22 11 05
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