Comentario
Editorial/Opinión
José
Antonio Giacopini Zárraga
1915-2005
Me acaban de comunicar la muerte de José Antonio Giacopini
Zárraga. Cuando Francis Fukuyama escribió “El
Fin de la Historia” no estaba pensando en José pero
este título fué lo primero que se me vino a la mente
al saber de la muerte de este hombre, quien fué, quizás,
la mas importante fuente oral de la historia contemporánea
de Venezuela. Solo Ramón Velazquez puede comparársele.
Siempre admiré
la manera como José parecía haber estado presente,
como actor o testigo de excepción, en los momentos mas
importantes de la historia de la Venezuela contemporánea:
En 1946 fue electo Congresante por el partido Acción Democrática,
después de haber sido secretario accidental de la Junta
de Gobierno que derrocó a Isaías Medina Angarita.
Gallegos lo nombró Gobernador del territorio Amazonas,
adonde, según Ken Wetherell, llevó el primer tractor.
Cuando Pérez Jiménez tumbó a Gallegos, Giacopini
estaba allí, en la mitad de los acontecimientos, aconsejando
y ayudando a que el proceso fuese lo menos traumático posible.
José fué gran amigo de Pérez Jiménez
y su secretario privado por corto tiempo. Al final de la dictadura,
mas que todo por esa amistad, José le aceptó a Pérez
Jimenez un puesto en su último gabinete, el cuál
fué una especie de pequeño Titanic. Después
de esta aparición activa en política, José
Giacopini, “Giaco” como lo llamaban sus amigos, se
dedicó a influir en la vida nacional desde una posición
de asesor y consejero de empresas, organizaciones empresariales
e instituciones históricas y culturales : Fedecámaras,
Shell, Asociación de Relaciones Públicas, Banco
Latino, Junta Nacional de Conservación del Patrimonio Histórico
y Cultural, Instituto Botánico, Consejo de la Orden del
Libertador, Consejo de la Defensa Nacional, Pro Venezuela, Academia
de Ciencias Fisicas y Naturales….. pare usted de contar.
Nació
José en Caracas, creo que en la misma casa donde vivió
toda su vida y donde murió, número 35 de Cuartel
Viejo a Pineda. Sus padres fueron Mario Giacopini y Belen Zárraga
Alcántara. Por la línea materna José era
sobrino del General Francisco Linares Alcántara, presidente
de Venezuela hacia fines de siglo y descendía de una de
las “musas” Aristiguieta y Blanco, Manuela, quien
casó con Miguél de Zárraga, uno de los firmantes
de la primera Constitución de Venezuela en 1819. José
era un mantuano, sin lugar a dudas y muchas de sus ideas y preferencias
así lo demostraban. Amaba los caballos, las armas, el ejército
y la historia. Su erudicción petrolera fué una consecuencia,
hasta tardía, de su amor por la historia, un amor nutrido
en tertulias familiares donde se hablaba de personajes y sucesos
importantes.
A través
de esas historias atesoradas en el gran disco duro que fué
su memoria, combinadas con sus propias experiencias, José
fué estructurando su propia visión de los procesos
históricos venezolanos, desde Guzmán hasta nuestros
dias. Según él, la historia venezolana es como un
péndulo que oscila cada 30 a 40 años. De Guzman
a Castro y Gómez; de Gómez a la democracia; de la
democracia personificada en Betancourt al caudillismo socialista
de nuevo cuño. Esta tesis de José parece tener algunos
visos de certeza y sirve, al menos, para comprender con mas rapidez
lo que ha sucedido y está sucediendo. Personalmente José
fué un militarista y un ultraderechista, según sus
propias palabras. Pensaba que los venezolanos deseábamos
ser “suecos, franceses o norteamericanos pero no entendíamos
que la democracia no es un sistema político de consumo
universal.
No es un sombrero
que se le puede poner a cualquier cabeza”. Y añadía:
“Los gobiernos autoritarios son resultado de un proceso
normal y aparecen cuando los pueblos los necesitan. Un ministro
de defensa civil sería una ofensa a las fuerzas armadas”.
Un dia de 1973 lo encontré rezando en su oficina y. al
verme, me dijo: “Gustavo, estoy rezando agradecido por la
caída de Allende y la llegada de Pinochet”. Su admiración
por el ejército explica el por qué pudo apoyar a
Pinochet (derecha) y, años después, al final de
su vida, mostrar un claro sesgo favorable a Chávez (izquierda?).
Ambos han encarnado el mismo concepto de autocracia militar que
José pensó era lo que América Latina realmente
necesitaba. Sin embargo, José también criticó
publicamente, algo raro en él, algunos aspectos del chavismo.
“La Constituyente es un grave error. La prioridad número
uno del pais es la economía…. El tratamiento dado
a los indígenas bajo este gobierno es demagógico”.
Y dijo de Chávez: “Creo que es un buen patriota.
Lo que mas le interesa es parecerse a Bolívar pero todavía
es temprano para saber que hará”.
José
ha muerto a los 90 años, después de una larga y
activa vida. Por muchos años su salud se mantuvo perfecta,
ayudada por el régimen que comenzó a los 37 años,
un régimen de vida frugal después de una juventud
bohemia. “Tomaba como un cosaco” reveló en
una ocasión y “me encantaban las mujeres”.
Sin embargo, esto dió paso a una vida tranquila, cero alcohol,
temprano a dormir y levantarse antes de las 5 a.m. “A las
4:45 me levanto y leo por dos horas sobre mis temas preferidos;
armas, caballos, petróleo, historia. Me desayuno con un
huevo crudo, yuca, pan integral y una taza de cacao amargo con
leche. Luego me voy a Pro Venezuela, Fedecámaras, al Consejo
de la Orden del Libertador o a la Academia de Ciencias Físicas
y Naturales. Almuerzo en la casa, una sopa de auyamas o de berros,
con pedazos de carne o pollo, caraotas, yogurt casero y café.
De noche, mas sopa. Me tomo ocho vasos de agua al día,
de dos en dos. Soy un gran carnívoro y no me canso de comer
las mismas cosas, una y otra vez. Duermo ocho horas, como un angelito.
Nunca he fumado”.
Ken Wetherell,
quien fué presidente de la Compañia Shell de Venezuela
un poco antes de la Nacionalización, escribió un
obituario para José en 1996! Me hizo llegar hace algun
tiempo una parte de este documento en el cuál dice, entre
otras cosas:
“José
era un abogado pero su habilidad analítica era escasa,
por lo cuál nunca practicó la profesión.
Era independiente, muy respetado y gozaba de gran confianza por
su discreción. Era el vehículo idel para establecer
comunicacion entre grupos divergentes: políticos, generales,
diplomáticos, sindicalistas, industriales….todos
querían su consejo cuando estaban en situación difícil…
parecía que la población de Venezuela se dividía
en dos grupos: sus familiares y sus amigos….. carecía
totalmente de malicia…. Trataba a la gente muy importante
y a los mas humildes con la misma caballerosidad…. No decía
malas palabras… era perfecto para ser un gran relacionista
público.”
De José
recuerdo una anécdota que solía relatar con su característica
gracia. Un hombre comenzó a sentirse mal y el médico
le dijo que tenía problemas digestivos y que debía
comenzar a hacer una dieta de leche, preferiblemente leche materna.
Le sugirió que contratase a una nodriza por unos tres meses.
Contrató, pués, a una jóven blanca y bella,
de grandes ojos y hermoso busto y comenzó su dieta. Al
comenzar a alimentarse el señor, la jóven pasó
de una actitud profesional a un estado de progresiva alteración.
Sus grandes ojos se volvieron suplicantes, su cara se llenó
de un intenso rubor. En un cierto momento el hombre se la quedó
viendo y le dijó: “Podría usted hacerme un
gran favor?” Y la joven le contestó temblorosa: “pídame
lo que usted quiera”. A lo cuál el hombre le suplicó:
“consígame
una galletita!”. Hay otra muy buena que me transmitió
Ken Wetherell, sobre un caballo y un par de yeguas, la cuál
no me atrevo a transcribir aquí.
En una ocasión
un grupo de Shell que almorzaba en San Bernardino, en un restaurante
que tenía “reservados”, fué informado
que José estaba en el sitio, con “una mujer”.
En efecto, por debajo de la semi puerta se veía la falda
de la desconocida acompañante. El grupo decidió
permanecer en el local hasta ver a la misteriosa acompañante.
A las cuatro y media de la tarde, salió finalmente la pareja.
José saludó efusivamente a los amigos mientras que……
el Cardenal Quintero les daba la bendición.
José
tocó las vidas de muchos venezolanos importantes y no tan
importantes. Como Asesor personal del General Rafaél Alfonzo
Ravard era el primero en llegar a la oficina de PDVSA, en el piso
9 (0 10?) del Edificio Lagoven en Los Chaguaramos. Quizás
yo era el segundo,como jóven miembro de la primera Junta
Directiva, deseoso de participar en esa nueva y gran aventura.
Por ello, nos encontramos muchas veces antes de iniciar el día
oficialmente y tuvimos tiempo de hablar de todo un poco. Siempre
me aconsejó moderar mi vehemencia y lo que generosamente
llamaba mi impaciencia (quizás en su mente la llamaba inmadurez).
Mis actuaciones en la Junta Directiva eran irreverentes y, en
retrospectiva, creo que el General Alfonzo tuvo mucha paciencia
conmigo. Cuando me llegó la hora de renunciar por el traslado
arbitrario e inconsulto de Meneven a Puerto La Cruz, José
Giacopini hizo todo lo posible por disuadirme. Me dijo: “Quédate
tranquilo y no renuncies, que tu vas a ser presidente de PDVSA”.
Ni esa “predicción” amable me convenció
a aceptar lo que consideré inaceptable, pero se lo agradecí
y se lo agradezco.
Con la muerte
de José Giacopini se cierra buena parte de lo que fué
una Generacion petrolera importante, la que llamamos en artículo
reciente, una Generación de Pioneros. Quizás, como
dice Luis Pacheco, habrá que buscar un mejor término
para ellos pués los verdaderos pioneros fueron gente a
lo Gumersindo Torres, Enrique Tejera, Leopoldo García Maldonado,
Martin Tovar Lange, Rafaél Torres, Sandrea, Ronald Pantin
el viejo y Luis Pacheco, abuelo del jóven actual.
Mientras escribo
esta nota, allá en Caracas José es despedido por
sus familiares y amigos. Como bien lo dijese Ken Wetherell en
su obituario de 1996, ello significa estar rodeado del afecto
de todo el pueblo venezolano. Su epitafio bien pudiese leer:
José
Giacopini Zárraga
Venezolano
Siempre tuvo una frase amable para todos
Gustavo Coronel
11 11 05
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Petroleumworld News 11/11/05
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