Comentario
Editorial/Opinión
El
Nacional:
Refugio y desesperación
Mientras los
jefes de Estado y de Gobierno de la Comunidad Iberoamericana se
reunían alegremente en Salamanca, en el histórico
Colegio del Arzobispo
Fonseca, uno de los lugares de mayor alcurnia en la Universidad
de Miguel de
Unamuno, los titulares de la gran prensa europea mostraban la
cara amarga de
otra realidad, aquella imposible de ocultar con palabras y con
metáforas:
los miles de africanos que buscan hoy refugio en España.
Es la tragedia
que advierte a los grandes países del Viejo Mundo que la
indiferencia y el desdén con que se asoman a los otros
continentes no los
preservarán de esta marea humana que no cesa.
Algunos profetas
europeos que impulsan “las revoluciones en todas partes”...
menos su país, tendrán que guardar silencio y morderse
la lengua, o confesar
su hipocresía política. Hoy los titulares de la
prensa indican que hay
30.000 africanos que, tras las vallas de Ceuta o de Melilla, se
piensan
jugar la vida para escapar del infierno de sus países.
Son miles de seres
humanos dispuestos a saltar muros, o navegar al azar en pequeñas
y endebles
embarcaciones para tratar de atravesar el Mediterráneo,
bordeando la muerte
para llegar a una tierra firme que no les abrirá los brazos,
que no mostrará
solidaridad alguna, y que les dará albergue provisional,
pero con todas las
terribles humillaciones y discriminaciones ya conocidas.
Por ahora
son apenas 30.000 los desesperados que esperan saltar los muros,
eludir a los guardias fronterizos o navegar contra el viento y
el destino.
Hoy son relativamente pocos, comparados con los que en un momento
dado
puedan decidir iniciar la larga e incierta marcha de las migraciones
masivas. Europa es el destino y la gran meta soñada de
los miles de
africanos que han comenzado a moverse hacia el norte empujados
por el hambre
y las cruentas guerras civiles.
Sólo
este campanazo ha hecho despertar a los estrategas de la Unión
Europea.
España les ha pedido que no la dejen sola en esta emergencia,
que la afecta
en primer término porque los africanos tomaron la senda
de Ceuta y de
Melilla. Pero vendrán más y probarán otras
rutas: las migraciones masivas
podrían convertirse en un fenómeno que trasforme
pronto la escena europea.
Tantas “cumbres”
de los 7, o de los 8, tanta Unión Europea, tantas
ceremonias y declaraciones no han conducido a resultados tangibles.
Se habla
siempre del “perdón de la deuda”, pero se ponen
tantas condiciones que ese
perdón prolonga la estadía de los pobres en un limbo
que termina por
convertirse en un infierno. Las palabras se han gastado y con
ellas las
promesas, los golpes de pecho, los propósitos de enmienda.
El tiempo se ha
perdido.
El egoísmo
y el desdén comienzan a descubrir sus frutos.
Mientras los
africanos se quedaban en sus tierras, nada sucedía. Nadie
reaccionaba. Ahora el informe de que 30.000 personas han iniciado
la marcha
hacia el norte o están en vísperas de iniciarla,
y de que éstos apenas son
una pequeña porción de lo que puede suceder, ha
convertido esa noticia en
una bomba de tiempo.
Quizás
ahora, o de ahora en adelante, no haya ojos cerrados.
Quizás
Europa no se sienta tan lejana, tan inexpugnable, tan indiferente.
Aun cuando el tiempo perdido ha sido excesivo, la Unión
Europea todavía
tiene la capacidad y el poderío económico para pensar
cuáles son sus
responsabilidades como antiguas potencias coloniales en África.
Los viejos y
buenos amigos de Idi Amin Dada, del “emperador” Bocassa,
de tantos sátrapas
que han dominado a sus países, deberán pensar con
mayor seriedad, porque el
drama del mundo africano ya no les puede ser ajeno. Ya no es cuestión
de
cerrar los ojos o voltear el rostro. Los africanos están
ahí. Tocan las
puertas. Reclaman el pasado.
Es obvio que
la Unión Europa tiene una gran oportunidad para abrirse
a los
pueblos de África, no con paternalismos ni con programas
de caridad
medieval, porque éstos no atarán las gentes a sus
tierras ni a sus lugares
de origen.
La palabra
es desarrollo equilibrado en medio de instituciones democráticas.
Políticas crediticias y programas consistentes, administrados
a través de
las Naciones Unidas, con la necesaria transparencia y la consiguiente
equidad en las transacciones internacionales.
No basta clamar
que se “perdonan las deudas” con los bancos: las viejas
deudas son históricas y la historia tiene otro lenguaje.
Los desesperados de
África han puesto a los europeos frente al dilema de pasar
de las palabras y
las promesas banales a las decisiones de fondo. También
las cuentas del
pasado se han globalizado.
El
Nacional es
uno cde los diarios mas importantes de Venezuela.
Los puntos de vista expresados no necesariamente son los de
Petroleumworld.
Nota
del Editor: Este comentario fue originalmente publicado por
El Nacional, el 15 de octubre del 2005. Petroleumworld no se
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